El pinar de Canarias

En la España continental crecen de forma natural seis especies de pinos. En las Islas Canarias, sin embargo, encontramos una especie propia y exclusiva: el pino canario (Pinus canariensis), que por su carácter endémico y por ser la especie arbórea más abundante del archipiélago es la que despierta mayor interés para mí.

La importancia de los pinos radica en múltiples aspectos: protegen el suelo frente a la erosión, proporcionan madera, resina, pinocha y piñones, poseen un elevado valor ecológico y paisajístico y han sido claves en los procesos de reforestación.

Los pinos pertenecen a la familia Pinaceae y, de forma natural, se distribuyen exclusivamente en el hemisferio norte. La única excepción es Pinus merkusii, considerada la única especie de pino que crece de manera natural en el hemisferio sur.

Las especies de pinos presentan tamaños muy variados: algunas apenas alcanzan el porte de pequeñas matas, mientras que otras pueden llegar a grandes alturas, dependiendo tanto de la especie como del hábitat en el que se desarrollan.

Son árboles perennifolios y presentan canales resiníferos. Sus hojas, llamadas acículas, no son fotosintéticas de forma independiente y aparecen en número variable según la especie. Estas acículas son helicoidales y alternas.

Las flores masculinas se agrupan en conos simples visibles en los brotes anuales, de color amarillo crema y situados generalmente en los extremos de las ramas. Los pinos producen grandes cantidades de polen. Las flores femeninas, por su parte, se localizan en la parte superior del árbol.  Las piñas no se descomponen al madurar; sus escamas se separan progresivamente y liberan los piñones. Cada escama contiene dos piñones con un apéndice al lado, y tanto la fecundación como la maduración de las piñas pueden prolongarse entre dos y tres años.

El pino canario (Pinus canariensis)

Distribución y hábitat

El pino canario es una especie endémica de las Islas Canarias. Forma extensas masas forestales principalmente en Gran Canaria, Tenerife, La Palma y El Hierro, y constituye aproximadamente el 60 % de la superficie forestal del archipiélago.

La distribución actual del pino canario no coincide plenamente con la original. Aunque aún no se han recuperado todas las zonas históricas que ocupaba —especialmente en el sur de Gran Canaria y Tenerife—, actualmente coloniza áreas que antes correspondían a formaciones más evolucionadas, como el monteverde, tanto por colonización natural como por repoblaciones forestales. Estos pinares suelen ser formaciones monoespecíficas, con un sotobosque escaso debido a la acidificación del suelo causada por la acumulación de acículas (pinocha).

Los pinares puros se sitúan habitualmente entre los 700 y 1.200 m de altitud, pudiendo alcanzar los 2.400 m en vertientes de barlovento y sotavento. En algunos casos aparecen bosques mixtos con monteverde, similares a otros bosques subtropicales donde la frecuencia e intensidad de los incendios explican la alternancia entre pinos y frondosas.

Distribución fuera de canarias

 

Fuera de su área natural, el pino canario se ha utilizado en plantaciones en el norte de África, Estados Unidos (especialmente California), Chipre, Israel y países del hemisferio sur como Australia, Chile y Sudáfrica. En la Península Ibérica su uso ha sido limitado, principalmente en Sierra Morena y el Levante, debido a su escasa adaptación a suelos calizos y su vulnerabilidad a la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa). A pesar de ello, su resistencia al fuego y a la sequía mantiene el interés por la especie, especialmente como árbol ornamental.

Caraterísticas Ecológicas

Es una especie muy tolerante a suelos pobres y secos, capaz de desarrollarse incluso en paredes de roca viva casi verticales. No tolera bien los suelos encharcados ni calcáreos, ni el frío intenso, por lo que se limita a zonas cálidas. En Canarias puede encontrarse desde los 100 hasta los 2.000 m de altitud.

La explotación humana provocó una fuerte reducción de los pinares originales.  Sus tala indiscriminada provocó la desaparición de grandes masas forestales de pinar, especialmente en Tenerife y Gran Canaria. La agricultura, los incendios y el uso forestal produjo deforestación y degradación de los mismos.  Desde mediados del siglo XX se iniciaron importantes programas de repoblación, corrigiendo errores iniciales como la introducción de especies no autóctonas. Actualmente, gran parte de los pinares procede de estas repoblaciones.

En Gran Canaria destacan los pinares de Tamadaba, Inagua, Ojeda, Pajonales, Montaña de Tauro, San Bartolomé de Tirajana, Pinos de Gáldar y Risco Blanco, entre los 200 y 2.000 m de altitud, sobre suelos mayoritariamente silíceos y en zonas de umbría.

Morfología

Es un árbol de gran porte, con acículas muy largas y corteza rojiza. Puede superar los 50 m de altura y los 2,5 m de diámetro, aunque lo habitual es que mida entre 15 y 25 m. Su corteza es inicialmente lisa y parda clara, engrosándose con la edad hasta adquirir tonos rojizos y placas irregulares.

Durante sus primeros años presenta un crecimiento rápido y forma piramidal, que evoluciona hacia una copa aparasolada en la madurez.  Es una especie bastante longeva, con ejemplares que superan los 500 años de antigüedad.  Las acículas aparecen en grupos de tres, son colgantes, finas, flexibles y pueden alcanzar los 20 cm, de color verde azulado.

Polinización

El pino canario se poliniza principalmente por el viento (anemofilia), que transporta el polen de los pequeños conos masculinos (sacos de polen), que crecen en los extremos de las ramas, hasta las flores femeninas (conocidas popularmente como piñas), ubicadas en las axilas de las ramas altas, más escondidos, y son receptivos al polen. El cono masculino libera ingentes cantidades de polen que flotan en el aire en primavera, formando nubes amarillentas durante varias semanas, son muy ligeros y con sacos aéreos para flotar, y el viento se encarga de distribuirlo a largas distancias para fertilizar otros pinos, iniciando el proceso de formación de semillas en las piñas.

 

El polen que aterriza en la flor femenina inicia la fecundación, dando lugar a piñas que madurarán y liberarán las semillas (piñones) al año siguiente.

Las piñas son grandes, ovoideo-cónicas, de entre 10 y 20 cm, y tardan entre 24 y 30 meses en madurar. Presenta serotinia, es decir, algunas piñas permanecen cerradas durante años y se abren tras incendios, favoreciendo la regeneración natural.  Cada piña está provista de un gordo y grueso pedúnculo casi inapreciable.

Es monoico, sobre el mismo pie de planta presenta conos de inflorescencias masculinas y femenina. Los piñones presentan un ala que facilita su propagación aérea. El ala es membranosa y no está articulada.

Adaptaciones al fuego y al volcanismo

El pino canario es extraordinariamente resistente al fuego y la sequia, gracias a su gruesa corteza que lo aísla del calor y a su capacidad de rebrotar desde el tronco, ramas y cepa o pie. Esta adaptación, junto con la serotinia, garantiza su supervivencia tras los incendios. También ha demostrado una notable resistencia a las erupciones volcánicas, como se ha observado recientemente en La Palma.

Madera y Usos

La madera presenta albura y duramen bien diferenciados. La albura es la madera blanca del exterior. El duramen, conocido como tea, es muy denso, rico en resinas y extremadamente duradero. El enteamiento comienza alrededor de los 30 o 40 años en condiciones de buen crecimiento, desde el centro del tronco hacia el exterior.  Históricamente ha sido fundamental en la construcción (viviendas, barcos, techumbres, vigas, balcones, artesonados, lagares, … ), obtención de brea/pez para impermeabilizar y calafatear embarcaciones, producción de  carbón vegetal, para la navegación de barcos a vapor, calefacción o cocinar en hogares,  utensilios aborígenes y objetos funerarios, así como para la industria azucarera (combustible para los ingenios azucareros) y fines medicinales, aprovechando su rica resina y propiedades curativas para dolencias respiratorias y musculares.  Destaca el vino de tea de La Palma, elaborado en barricas de esta madera.

Un uso antiguo  fue la obtención de pez o brea, resina obtenida, para calafateado de barcos mediante la combustión de la madera de pino canario en hornos (pegueras).  Otro uso que está aún muy extendido es la extracción del manto de hojas secas del pinar (pinocha o pinillo) para el abonado de huertas y como cama de ganado o proteger frutas. Este aprovechamiento por un lado disminuye el riesgo de incendio pero también retira una parte importante de los nutrientes del pinar.

Hoy en día, su explotación maderera es muy limitada debido a la protección de los espacios naturales. Su principal valor actual es ecológico, paisajístico y faunístico, siendo una especie clave en la conservación y restauración de los ecosistemas canarios.


 


 
 

 

 

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